jueves, 30 de abril de 2009

Infección por VIH en ancianos


En los últimos años se ha observado un incremento significativo en el número de casos de infección por VIH en individuos mayores de 50 años, edad tomada como referente de "adulto mayor" por los diferentes grupos que investigan el tema.

El fenómeno ha sido explicado por la alta efectividad de la terapia activa anti retroviral, por el aumento en la actividad sexual de estos individuos como resultado de tratamientos que reactivan dicha función y por el retraso en el diagnóstico de pacientes con infección latente oculta.

En contraste con los jóvenes, el principal factor de riesgo documentado en mayores de 50 años es la práctica de relaciones heterosexuales, especialmente a partir del contacto con múltiples parejas, el contagio por utilización de dispositivos invasivos (agujas, catéteres y otros) es raro y no se encuentra documentado adecuadamente.

El pronóstico de la enfermedad suele ser negativo en este grupo de edad como consecuencia de la demora en el diagnóstico, la baja intensidad de la respuesta inmune a la terapia activa anti retroviral y a la coexistencia de otras patologías que debilitan el organismo y predisponen a complicaciones adicionales de gravedad.

En la actualidad no se dispone de guías de manejo específicas para pacientes mayores de 50 años, esyando limitada la intervención médica al desarrollo de medidas de promoción de hábitos sexuales seguros y a la concientización de pruebas diagnósticas específicas en individuos de alto riesgo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Influenza Porcina: Alerta Nivel Cinco



La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó hoy la alerta por el brote de influenza porcina al nivel cinco, lo que implica declarar la emergencia sanitaria en los países miembros del organismo que se hayan visto afectados.

La guía de Alerta y Respuesta a una Influenza Pandémica de la OMS indica que a partir de la fase cinco se aconseja limitar los viajes a las zonas afectadas y establecer medios de vigilancia como cámaras infrarrojas que indican la temperatura del cuerpo en los puntos de entrada y salida de los países. El cierre de las fronteras será evaluado en el caso particular de cada Estado afectado, de acuerdo con la evolución del brote y las condiciones particulares del país.

Será responsabilidad de los gobiernos de cada nación cuidar de la salud de sus ciudadanos, por lo que cada Estado será libre de determinar las medidas que considere pertinentes para evitar la propagación del virus. La fase cinco indica que la pandemia es inminente y es una decisión que se toma cuando se comprueba la propagación del virus de persona a persona en al menos dos países de una región de la OMS.

La fase seis de alerta se declara cuando se comprueba la propagación del virus de persona a persona en al menos dos países de una región de la OMS, con la aparición de brotes comunitarios en al menos un tercer país de una región distinta, siendo en esta última fase cuando se declara una pandemia mundial.

Desde que el 27 de abril elevó la alerta del nivel tres al cuatro, la OMS aconsejó a los países no afectados que se preparen para el posible brote de la enfermedad y consideren puntos de vigilancia sanitaria en las fronteras.

El organismo sugiere que los gobiernos recomienden a las personas con padecimientos respiratorios que acudan al médico para cerciorarse del virus que padecen y aislarse en sus hogares al primer síntoma de influenza.

También aconseja cerrar escuelas, lugares públicos y cancelar eventos masivos como lo han hecho las autoridades mexicanas. Además, invita a aplicar medidas de seguridad sanitaria en el transporte público y lugares de trabajo.

Los Estados, a su vez, deben monitorear la existencia de medicamentos antivirales, el estado y disposición del personal médico, y estudiar la posibilidad de habilitar y utilizar instalaciones alternativas como clínicas y laboratorios médicos.

lunes, 27 de abril de 2009

Marcadores inmunológicos del envejecimiento

Patricia Alonso - Fernández y Mónica de la Fuente publicaron recientemente un artículo en la Revista Española de Geriatría y Gerontología, en el que analizan el comportamiento de diferentes elementos del sistema inmunológico durante la vejez, concluyendo al final del mismo que la presencia de leucocitos con bajo grado de oxidación es un hallazgo característico del proceso de envejecimiento y planteando que el estado redox de los mismos podría ser utilizado en el futuro cercano como un marcador confiable del estado de salud en pacientes de edad avanzada.

Artículo completo en: Rev Esp Geriatr Gerontol. 2008;43(3):167-79

domingo, 26 de abril de 2009

Influenza Porcina: Preguntas Frecuentes

Fuente: Página Oficial Organización Panamaricana de la Salud

¿Qué es la influenza porcina?

La influenza porcina es una enfermedad respiratoria aguda altamente contagiosa que ocurre en los cerdos, y que es causada por uno de los varios virus de influenza tipo A que circulan en estos animales. Este tipo de virus tiende a causar alta morbilidad en los cerdos pero baja mortalidad (1 a 4%). El virus se trasmite entre los cerdos a través de aerosoles por contacto directo e indirecto, y existen cerdos que son portadores del virus y son asintomáticos. Los brotes se producen en los cerdos durante todo el año, con un aumento de la incidencia en el otoño y el invierno en zonas templadas. Muchos países vacunan a la población de cerdos de manera rutinaria contra la influenza porcina.

Los virus de influenza porcina son comúnmente del subtipo H1N1 aunque también circulan otros (H1N2, H3N1, H3N2). Los cerdos también pueden infectarse con virus de influenza aviar, con virus de influenza humana estacional, así como con virus de influenza porcina. Se cree que el virus porcino H3N2 fue introducido originalmente a los cerdos por los humanos. Algunas veces los cerdos pueden ser infectados con más de un tipo de virus al mismo tiempo, y esto puede ocasionar que los genes de estos virus se mezclen. Esto puede dar como resultado un virus de influenza que contiene genes de varias fuentes, fenómeno que se conoce como un virus "reasociado". Aunque los virus de influenza porcina normalmente son específicos de ésa especie y solamente infectan cerdos, en algunas ocasiones logran pasar la barrera entre especies y causar enfermedad en humanos.

¿Cuáles son las implicaciones para la salud humana?
Brotes y casos esporádicos de infección en humanos con virus de influenza porcina se han reportado ocasionalmente. Los síntomas clínicos generalmente son similares a los de una influenza estacional pero se presentan amplias características clínicas que van desde infecciones asintomáticas hasta neumonías severas, provocando incluso la muerte. Debido a que las características clínicas típicas de la infección por influenza de origen porcino en humanos son semejantes a las de la influenza estacional y a las de otras infecciones agudas del tracto respiratorio superior, muchos de los casos han sido detectados de manera casual a través de los sistemas de vigilancia de influenza estacional. Aquellos casos que son asintomáticos o leves podrían escapar la detección, por lo cual la verdadera extensión de estos casos en humanos es aún desconocida.

¿Dónde han ocurrido casos en humanos?

Desde la implementación del Reglamento Sanitario Internacional (RSI‐2005)1 en el 2007, la OMS ha recibido notificaciones de casos de influenza porcina de Estados Unidos y España.

¿Cómo se infectan las personas?

Las personas usualmente adquieren la influenza porcina de cerdos que están infectados; sin embargo, algunos casos humanos no tienen antecedentes de contacto con cerdos o con espacios de medio ambiente donde haya habido cerdos. La transmisión de persona a persona ha ocurrido en algunos casos pero solo se produjo en contactos cercanos y grupos compactos de personas.

¿Se puede consumir carne de cerdo o productos derivados del cerdo?

Sí. La influenza de origen porcino no ha mostrado ser transmitida a personas a través del consumo de alimentos que hayan sido adecuadamente manipulados y preparados, como la carne de cerdo y otros derivados del mismo. El virus de la influenza de origen porcino muere fácilmente a temperaturas de cocción de 70°C/160°F, lo que es consistente con las guías generales para la preparación de carne de cerdo y otras carnes.

¿Cuáles países han sido afectados por brotes en cerdos?

La influenza porcina no es un evento de notificación obligatoria para las autoridades internacionales de salud animal como la Organización Mundial de Salud Animal (OIE, www.oie.int), por lo que su distribución internacional en animales no es bien conocida. La enfermedad es considerada endémica en Estados Unidos. Se han conocido también la ocurrencia de brotes en cerdos en el norte y sur de América, Europa (incluyendo Reino Unido, Suecia e Italia), África (Kenia) y en partes del este de Asia, incluyendo China y Japón.

¿Qué hay sobre el riesgo de pandemia?

Es posible que muchas personas, especialmente aquellas que no tienen contacto regular con cerdos, no tengan inmunidad que los proteja contra la infección por virus de influenza de origen porcino. Si un virus de origen porcino establece una transmisión eficiente de persona a persona, éste puede causar una pandemia de influenza. El impacto de una pandemia causada por tales virus es difícil de predecir, pues depende de la virulencia del virus, de la existencia o no de inmunidad en las personas, de la protección cruzada por anticuerpos adquiridos a través de la infección con virus de influenza estacional y de factores propios del portador.

¿Existe vacuna para protegerse de la influenza de origen porcino?

No. No hay vacunas para contener el virus de influenza porcina que actualmente está causando enfermedad en humanos. Se desconoce si las vacunas actuales contra la influenza humana estacional pueden brindar alguna protección. Los virus de influenza se caracterizan por cambiar rápidamente por lo que es importante desarrollar una vacuna contra la cepa del virus circulando actualmente a fin de brindar la máxima protección a las personas que se vacunen. Es por ello que la OMS requiere acceder al mayor número posible de virus para poder seleccionar aquel candidato más apropiado para la vacuna.

¿Qué medicamentos están disponibles para el tratamiento?

Medicamentos antivirales para la influenza estacional se obtienen en algunos países y previenen y tratan efectivamente la enfermedad. Hay dos tipos de antivirales: 1) amantadina y rimantadina, e 2) inhibidores de la neuraminidasa (oseltamivir y zanamivir). 2

Muchos de los casos humanos de influenza de origen porcino que han sido reportados previamente, se recuperaron completamente sin necesitar atención médica y sin usar medicamentos antivirales.

Algunos virus de la influenza desarrollan resistencia a los medicamentos antivirales, limitando la efectividad de éstos para el tratamiento y la quimioprofilaxis. Los virus obtenidos de los casos humanos recientes de influenza de origen porcino en Estados Unidos fueron sensibles a oseltamivir y zanamivir, pero resistentes a amantadina y rimantadina.

En este momento, la información es insuficiente para hacer recomendaciones sobre el uso de antivirales en la prevención y tratamiento de infección en humanos por virus de influenza porcina. Los médicos tienen que tomar decisiones con base en el cuadro clínico y la evaluación epidemiológica, así como sobre los daños y beneficios de la profilaxis o el tratamiento para un paciente2. Para los brotes actuales de infección en humanos por virus de influenza porcina, que están ocurriendo en Estados Unidos y México, las autoridades nacionales y locales están recomendando el uso de oseltamivir o zanamivir para el tratamiento y prevención de la enfermedad con base en el perfil de susceptibilidad de los virus.

El manejo adecuado del dolor: Un derecho fundamental del individuo


Con base en la dificultad para adoptar un enfoque unicausal del dolor y en la lentitud con que se vienen dando los cambios en el manejo del dolor en los ámbitos médico, cultural, legal y político, Brennan y colegas plantean la necesidad de promover la obligatoriedad de un manejo adecuado del dolor a niveles que trasciendan la práctica clínica y los referentes éticos de la medicina, transformando el enfoque con que se analiza el tema desde el cumplimiento de una buena práctica médica hacia la obligación social e institucional basada en un derecho fundamental del ser humano.

Según los autores, el uso del término “derecho” es conveniente para la promoción de un ideal y para el reforzamiento de la obligatoriedad del cumplimiento del mismo, sin embargo, la falta de claridad en la definición de la naturaleza del mismo (fundamentación ética vs fundamentación legal) genera dificultades para su aplicación universal.

Garantías Constitucionales

La constitución de la mayor parte de los países del mundo consagra el cuidado de la salud como un derecho fundamental de los ciudadanos, sin embargo, cuando se analizan las implicaciones del dolor en la vida del individuo y las repercusiones sociales y políticas del fenómeno, existen diferentes interpretaciones frente al cumplimiento cabal del mismo, particularmente en lo relacionado con el manejo paliativo del dolor mediante el uso de opioides u otros fármacos restringidos por leyes y políticas estatales en pacientes con enfermedades terminales dada la estrecha relación existente entre el alivio del dolor y el sufrimiento y la probabilidad de eventos adversos, adicción e incluso la ambientación de un suicidio asistido.

Los argumentos esbozados frente a las medidas restrictivas asumidas en estos casos están planteados alrededor de la consideración que se da “un manejo inadecuado y despectivo” a la evidencia científica que sustenta una buena relación costo beneficio entre el uso de dosis elevadas de opioides para el tratamiento del dolor y otros síntomas asociados en los pacientes con neoplasias malignas.

Hacia el futuro se plantean grandes retos en relación con el manejo del dolor en otros contextos, incluyendo el dolor crónico no oncológico, el cual está siendo objeto de atención especial por parte de profesionales de la salud, grupos de usuarios y legisladores, como una condición patológica que se encuentra en franco aumento y frente a la cual existen aún más restricciones que respecto al ocasionado por cáncer.

Regimenes estatutarios

La consideración del manejo del dolor en regimenes estatutarios específicos está planteada en tres escenarios: el derecho del paciente al manejo del dolor, la protección legal de los profesionales y el papel de la educación en el manejo del síntoma.

Existen varios marcos de referencia acerca del derecho a un manejo adecuado del dolor, sin embargo, en todos ellos existe coincidencia en torno al hecho que cualquier paciente que se encuentra bajo el cuidado de un profesional de la salud tiene derecho a recibir el máximo alivio del dolor y el sufrimiento dentro de los límites razonables y que las medidas terapéuticas asumidas en cada caso han de estar en concordancia con el nivel de intensidad del dolor y el sufrimiento.

En un segundo escenario, se ha venido trabajando en la definición de medidas de protección civil y legal frente a la actuación profesional en casos de difícil manejo, especialmente en el cuidado de pacientes con enfermedades en estado terminal. En tal sentido, se hace referencia a la intencionalidad del profesional cuando prescribe un tratamiento determinado (alivio del dolor), a la obtención del consentimiento previo del paciente y su familia y a la adherencia de éste a los estándares planteados universalmente en relación con el cuidado paliativo de los pacientes.

El tercer ámbito que ha de ser considerado en los regimenes estatutarios en torno al manejo del dolor es el del papel del médico en la transmisión de información y el de la educación del paciente y su familia en tópicos relacionados con el alivio del dolor y el sufrimiento derivados de la enfermedad que padezca. Algunos elementos que vienen siendo manejados en los regimenes estatutarios incluyen la remisión del caso a profesionales especializados en el manejo del dolor, el desarrollo de proyectos de investigación tendientes a cualificar la atención integral del paciente y el ofrecimiento de información clara y precisa de la enfermedad y sus consecuencias.

Según Brennan y colegas, los componentes esenciales de cualquier legislación regulatoria respecto al tema deberían incluir: el manejo razonable del dolor como un derecho del paciente; la obligación del profesional responsable del cuidado de la salud de escuchar y responder en forma oportuna y adecuada a las quejas del mismo; la definición clara de los lineamientos médicos, éticos, legales y penales en torno al manejo del dolor; la existencia de un sistema de referencia a niveles especializados en el tratamiento de estos pacientes y la organización de programas y actividades de educación continuada para médicos y pacientes en relación con los aspectos mencionados.

Conclusiones

· El dolor es uno de los motivos de consulta más frecuentes alrededor del mundo.
· A pesar de los avances alcanzados en los últimos años en la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos que sustentan la aparición del dolor, persisten grandes vacíos en el manejo del mismo.
· Las principales barreras para el manejo óptimo del dolor incluyen falta de preparación por parte de los profesionales de la salud, temor a la utilización de medicamentos de control, ausencia de comprensión acerca de la subjetividad de la experiencia dolorosa y fallas en la comunicación entre médico y paciente.
· Los opiáceos representan la piedra angular del tratamiento en dolor crónico moderado a severo de cualquier naturaleza, sin embargo, existen numerosas limitaciones de orden social, cultural, político y social que impiden su uso efectivo en estas condiciones patológicas.
· El control inadecuado del dolor genera importantes consecuencias biológicas, psicoafectivas, sociales y económicas y va en contra de los principios éticos y de los referentes profesionales de la ciencia médica.
· Existen consideraciones de orden filosófico, ético y legal para considerar el manejo del dolor como un derecho fundamental del individuo, no obstante, la aplicación de los mismos en la práctica cotidiana depende por completo de la postura de los profesionales de la salud responsables del cuidado del paciente y de su interpretación del concepto de “buena práctica médica”.

Referencia

Brennan F, Carr D, Cousins M. Pain management: A fundamental Human Right. Anesth Analg 2007;105: 205 – 21.

Perspectivas del dolor y el sufrimiento


El dolor es una de las afecciones más comunes en la consulta médica en todos los niveles sanitarios. Millones de personas se ven afectadas por dolor crónico en todo el planeta, ocasionando un marcado deterioro del estado de salud y de la calidad de vida.

Datos del National Center for Health Statistics (NCHS) indican que 32.8% de la población estadounidense sufre dolor crónico y aproximadamente cien millones de personas asisten cada año a consulta médica por diferentes tipos de dolor episódico o persistente, siendo más común en los ancianos y en los pacientes con enfermedades terminales: más de tres cuartas partes de la población mayor de 75 años refiere algún tipo de dolor y alrededor de dos terceras partes de los mayores de 65 años institucionalizados, sufre de dolor crónico.

Desafortunadamente, los esquemas de tratamiento empleados en el manejo de los pacientes con dolor crónico no alcanzan el alivio total del síntoma ni la recuperación funcional completa en una gran proporción de casos. Algunos investigadores han reportado la persistencia del síntoma dos años después del inicio del tratamiento hasta en dos terceras partes de los pacientes tratados medicamente, hecho difícil de explicar si se tienen en cuenta los grandes avances alcanzados en la comprensión de los fenómenos fisiopatológicos subyacentes al dolor.

Entre las razones planteadas por Brennan y colegas (2007) para explicar las deficiencias detectadas en el manejo del dolor se incluyen determinantes culturales, condicionamientos sociales, posturas políticas, tendencias religiosas y actitudes individuales frente al mismo. Otras barreras para alcanzar el control óptimo del dolor y la rehabilitación funcional del paciente incluyen la complejidad del mecanismo etiológico de base, la falta de conocimiento por parte del personal médico, el abordaje inadecuado del paciente, el temor a utilizar esquemas de tratamiento que incluyan medicamentos de control especial y la preocupación por la posibilidad de aparición de efectos secundarios adversos, tolerancia o adicción.

El punto de vista cultural

Los referentes culturales influencian el comportamiento humano, individual y colectivo, incluyendo lo referente a los conceptos de salud y enfermedad, así, de acuerdo con Brennan “todas las culturas tienen una postura clara frente al dolor y al tratamiento del dolor”.

Las concepciones históricas en torno al dolor han evolucionado a través del tiempo, desde una tendencia claramente influenciada por los determinantes sociales del contexto hacia una que privilegia la percepción subjetiva del síntoma y el bienestar individual, en una actitud humanitaria que permita garantizar el alivio del dolor y el mejoramiento de la calidad de vida del paciente. Por otra parte, la religión, la filosofía y el folklore han contribuido a “cargar de significado” el concepto del dolor en torno a la perspectiva espiritual y a la trascendencia del individuo como resultado del sufrimiento derivado de la experiencia nociceptiva.

Los cambios más importantes en relación con el manejo del dolor (especialmente en lo concerniente al dolor oncológico), se han dado como resultado de la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud, durante las dos últimas décadas. No obstante, a pesar del interés creciente de los líderes de la salud en la búsqueda de soluciones concretas al problema del dolor, aún persisten numerosos mitos acerca del dolor entre pacientes y profesionales responsables de la atención de su salud.

Algunos de estos mitos incluyen los conceptos que el dolor es “necesario, natural y en algunas ocasiones beneficioso” para el sujeto; que el dolor es esencial para alcanzar el diagnóstico y que no debe ser eliminado por completo mientras no se haya identificado la causa del mismo; que la palabra “paciente”, derivada etimológicamente del latín patiens, que significa “alguien que sufre” ha de ser tomada en sentido literal; que el dolor severo, relacionado con una intervención quirúrgica, con una enfermedad crónica y/o con el desarrollo de una neoplasia es inevitable y que muchos pacientes con dolor crónico de naturaleza no oncológica son simuladores.

Los referentes políticos y legales también representan un obstáculo significativo para el tratamiento adecuado del dolor en algunos países. Los opioides, fármacos de elección en el tratamiento del dolor moderado a severo de cualquier etiología, son objeto de múltiples controversias (temor frente al uso ilegal de las sustancias, abuso y adicción) en relación con la importación, fabricación, distribución y prescripción de estas sustancias por parte de agencias nacionales e internacionales.

Adicional a lo anterior, en algunas regiones se presentan situaciones particulares en torno a la prescripción, distribución y utilización de los opiáceos en la práctica médica: prohibición del uso de opioides en dolor crónico de origen oncológico y autorización para el manejo del dolor postoperatorio, restricción de la prescripción en los niños y permisividad plena en los adultos, disponibilidad de presentaciones de liberación sostenida y ausencia de otras formas posológicas, entre otras.

El punto de vista médico

La principal barrera para el manejo adecuado del dolor por parte de los responsables del cuidado de la salud es la concepción errada, especialmente en relación con los opioides, acerca de los efectos farmacológicos de dichos medicamentos y de las indicaciones de los mismos en torno a diferentes condiciones clínicas.

De acuerdo con Brennan y colegas, el temor de los médicos frente al uso de opiáceos para el control del dolor estaría determinado por la falta de conocimiento en relación con el tema y por una cierta “fobia” a dichas sustancias, la cual estaría en consonancia con la falta de solidez de la formación profesional.

Diferentes encuestas llevadas a cabo en profesionales de la salud respecto a la competencia en el manejo del dolor, sugieren que el entrenamiento y la exposición a experiencias académicas en torno al manejo del paciente con dolor son insuficientes. Por otra parte, en relación con los pacientes y sus familias, el temor frente a la administración de opioides con fines terapéuticos se ha visto asociado con edad avanzada, bajo nivel cultural y escasa información al respecto.

El punto de vista ético y legal

Durante muchos siglos, el énfasis de los tratamientos médicos y quirúrgicos estuvo planteado en torno a la preservación de la vida, dejando en un segundo plano el alivio del dolor. Desde hace unos cuarenta años, con la introducción del modelo biopsicosocial, han tomado fuerza otros elementos no biológicos como referentes de la atención médica, incluyendo la percepción individual de la calidad de vida y la subjetividad del paciente respecto a la evolución de su condición patológica.

Desde ese enfoque, el modelo biomédico tradicional se hace insuficiente frente a la necesidad de un abordaje integral del paciente con dolor y de la sociedad en que vive, razón por la cual es necesario introducir consideraciones de orden ético y legal en este ámbito. Los códigos éticos que determinan el marco para la actuación profesional de quienes están a cargo del cuidado de la salud de la población incluyen referencias específicas acerca de la obligación de “aliviar el dolor y el sufrimiento” (Asociación Médica Americana, Asociación Americana de Enfermeras).

La importancia del alivio del dolor como núcleo de la atención médica es incontrovertible en el marco de los principios bioéticos universales, particularmente en lo referente a los principios de beneficiencia, no maleficencia, autonomía y justicia. De acuerdo con Post y colegas, “el cumplimiento del principio ético de beneficiencia es una justificación suficiente para que los proveedores de salud busquen el alivio del dolor en aquellos que se encuentran a su cuidado…”.

En lo que respecta al principio de no maleficencia, relacionado con la prohibición de causar perjuicio, también existe un referente claro respecto al manejo adecuado del dolor: la persistencia del síntoma y de sus connotaciones biológicas, psicológicas y sociales por un tratamiento inadecuado, por falta de interés en las quejas del paciente y/o por el bloqueo al acceso de terapias analgésicas efectivas representan circunstancias en que se ocasiona un detrimento evitable en la calidad de vida de quienes ponen el cuidado de su salud en manos del médico.

Este hecho puede convertirse a la vez en una contravención a los principios de autonomía y autodeterminación en la búsqueda de atención sanitaria por parte d los pacientes con dolor. De hecho, en palabras de Brennan “… la falta de alivio del dolor per se puede afectar, y en algunas ocasiones bloquear por completo, el ejercicio de la autonomía del individuo”, dado el impacto que puede tener en la capacidad del paciente para tomar decisiones frente a los cuidados que han de ser prodigados por los prestadores de servicios de salud.

Finalmente, el cumplimiento del principio bioético de justicia, el cual propugna por la distribución equitativa del cuidado de la salud, es uno de los mayores retos en relación con el manejo del dolor alrededor del mundo, dadas las diferencias existentes en cuanto al manejo del mismo con respecto al acceso al sistema sanitario, a la calidad de los servicios ofertados, al estatus socioeconómico y a las dificultades que enfrentan grupos vulnerables de la población (ancianos, mujeres, grupos étnicos, minorías raciales).

Con base en las consideraciones anteriores, el “derecho moral” al manejo adecuado del dolor, se encuentra soportado en la premisa que las actuaciones de los responsables del cuidado de la salud se basan en los principios éticos de la profesión, hecho que las constituye en una obligación, individual e institucional, frente a la atención del paciente y en forma concomitante en un derecho de este último a recibir el cuidado apropiado frente a las alteraciones de su estado de salud: “el manejo del dolor es una iniciativa moral que nace del corazón mismo de la bioética”.

Referencias

1. Ashburn M., Staats P. Management of chronic pain. The Lancet 1999; 353:1865 - 69.
2. Marcus D. Managing chronic pain in the primary care setting. American Family Physician 2002; 66:1.
3. Brennan F, Carr D, Cousins M. Pain management: A fundamental Human Right. Anesth Analg 2007;105: 205 – 21.

martes, 21 de abril de 2009

Actualidad: Lepra en el anciano


Un artículo publicado recientemente en la última edición de la Revista Colombiana de Infectología, recoge el trabajo de identificación de las características clínicas y epidemiológicas de los pacientes mayores de 60 años con lepra, que cuentan con diagnóstico histológico de la enfermedad, llevado a cabo en el Instituto Nacional de Salud de Colombia, durante un período de trece años.

Entre enero de 1990 y diciembre de 2002, se confirmó el diagnóstico de la enfermedad en 2462 pacientes, 433 (17.6%) de los cuales tenían una edad mayor de 60 años, con un rango de edad que oscilaba entre 60 y 94 años. Cerca del 70% de los casos se observaron en el sexo masculino, en una proporción de 2 a 1 respecto al femenino.

Un poco más de la mitad de los casos pertenecen al polo lepromatoso de la enfermedad, en el 48% de los casos, el tiempo de evolución de la enfermedad fue menor de un año, encontrándose un estado reactivo en el 10% de los pacientes analizados y recaída de la enfermedad previamente tratada en un porcentaje equivalente.

De acuerdo con los investigadores, el anciano tiene una mayor probabilidad de adquisición de la lepra y mayores posibilidades de complicaciones, siendo necesaria la implementación de programas especiales de seguimiento en este grupo etáreo.

sábado, 11 de abril de 2009

Día Mundial de la Enfermedad de Parkinson


Fue instituido en 1997 conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud y por la European Parkinson's Disease Association, la entidad debe su nombre al Dr. Jones Parkinson (1775-1824), cirujano y paleontólogo británico que describió por primera vez sus características en el año 1817.

La Enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico, crónico y degenerativo que afecta al sistema nervioso central ocasionando pérdidas de control del movimiento, rigidez muscular de intensidad variable y problemas del equilibrio y de la coordinación, sin embargo, estos no son los únicos síntomas asociados a la enfermedad, en el cuarenta por ciento de los casos la depresión o el deterioro cognitivo ocasionan diferentes grados de discapacidad y dependencia en el paciente afectado y repercuten negativamente tanto en su calidad de vida del inidivudo como en la de sus familiares.

Arte y Vejez: Las edades de la vida

La obra, atesorada en el Museo del Prado, es de gran formato, con impresionantes figuras de un tamaño casi natural. La voluptuosidad contrasta de manera violenta, sin transición, con la fealdad, la decrepitud y la inevitable muerte. La Parca trata de arrastrar a una anciana, que, a su vez, quiere llevar consigo a la bella joven, quien se muestra, con el gesto y la postura, reticente a seguirlas. Es una resistencia vana. Un bebé dormido asiste ignorante a la escena de su irremediable futuro. El macabro acto se representa en un escenario desolado en el que Baldung, en la línea de la tradición iconográfica moralizante religiosa, introduce la imagen de Cristo crucificado, como elemento de esperanza por antonomasia del universo cristiano.

De la literatura: Oda a la edad



Yo no creo en la edad.

Todos los viejos llevan en los ojos un niño
Y los niños a veces nos observan como ancianos profundos.

Mediremos la vida por metros o kilómetros,
¿O meses? ¿Tanto desde que naces …
Cuanto debes andar, hasta que como todos
En vez de caminarla por encima, descansemos debajo de la tierra?

Al hombre, a la mujer, que consumaron acciones, bondad y fuerza,
Cólera, amor, ternura.
A los que verdaderamente vivos, florecieron
Y en su naturaleza maduraron,
No acerquemos nosotros la medida del tiempo
Que tal vez es otra cosa, un manto, un mineral, un ave planetaria,
Una flor, otra cosa tal vez, no una medida.

Tiempo, metal, o pájaro o flor de largo pecíolo,
Extiéndete a lo largo de los hombres,
Florécelos y lávalos con agua abierta o con sol escondido,
Te proclamo camino y no mortaja,
Escala pura con peldaños de aire,
Traje sinceramente renovado por longitudinales primaveras.

Ahora,
Tiempo te enrollo,
Te deposito en mi caja silvestre,
Y me voy a pescar con tu hilo largo,
Los peces de la aurora.

Pablo Neruda

La atención médica de los ancianos: Políticas y realidad

Las repercusiones que tendrá el envejecimiento poblacional sobre los sistemas sanitarios y sociales del mundo así como la necesidad de contar con profesionales sensibilizados frente al fenómeno y capaces de responder en forma adecuada a los requerimientos de este grupo poblacional, son situaciones que vienen siendo abordadas desde hace muchos años por las diferentes organizaciones mundiales afines al tema.

Uno de los esfuerzos más recientes para mejorar la calidad de la atención de los ancianos y fomentar la promoción de estilos de vida saludables y la prevención de la enfermedad como estrategias de mejoramiento de la calidad de vida fue la propuesta de la Organización Mundial de la Salud (2004) de mejorar la atención médica de los ancianos con base en el fortalecimiento de las acciones de atención primaria en salud.

La iniciativa hace especial hincapié en el reciclaje de los trabajadores sanitarios de atención primaria para que tengan una mayor formación gerontológica y geriátrica, así como en la mejora de las instalaciones y los accesos a los centros sanitarios en que se presta este tipo de servicios a los adultos mayores.

"Al ser el primer punto de contacto, los centros de atención primaria, si están adecuadamente formados, son capaces de prevenir muchos otros problemas de salud mediante una detección precoz", señaló Alexandre Kalache, responsable del programa de envejecimiento de la OMS.

El proyecto fue anunciado durante la séptima conferencia global de la Federación Internacional de Envejecimiento, celebrada en Singapur, sin embargo, cinco años después de la misma, la magnitud de los cambios generados en la atención médica de los ancianos no corresponde a las necesidades actuales y reales de la población geriátrica, probablemente como consecuencia de la falta de voluntad política y de sensibilidad social de administradores y prestadores de servicios de salud.

La atención médica de los ancianos: Un mal que busca cura


En consonancia con lo mencionado anteriormente respecto a la discriminación y la mala calidad de la atención de los ancianos vale la pena recordar algunos eventos que son pan de cada día en los servicios de salud de nuestro país, llegando a constituirse en barreras, en algunas ocasiones insalvables de los ancianos que claman por atención médica:

1. La actitud adversa y la indolencia de muchos profesionales de la medicina y de muchas instituciones prestadoras de servicios de salud ante las quejas de los ancianos.
2. La creencia equivocada que el origen de las enfermedades de la vejez se encuentra en el número de años vividos.
3. La falta de atención frente a las quejas de los pacientes ancianos y frente a sus necesidades como seres humanos.
4. La falta de dedicación y de tiempo para la resolución de los problemas de los ancianos.
5. La priorización de la eficiencia administrativa y financiera respecto a la calidad de atención en salud de los pacientes.
6. La obligatoriedad de controlar los costos de la atención de los adultos mayores con base en la supuesta racionalización del gasto y/o la priorización frente a otros grupos de edad.
7. La falta de conocimiento de la fisiología del organismo en la vejez por parte de los profesionales médicos.
8. La falta de conocimiento de los derechos constitucionales del individuo por parte de los viejos.
9. La debilidad de las redes de apoyo familiar y social de los ancianos cuando pretenden acceder a los servicios de salud.
10. Y tal vez lo más importante, la pérdida de la sensibilidad y la ausencia de ética frente al manejo del paciente anciano.

La atención médica de los ancianos


La atención de los ancianos en las instituciones prestadoras de servicios de salud debería ser un motivo de reflexión permanente en torno al rigor con que se asumen en la actualidad los compromisos derivados de los principios que sustentan la práctica médica desde sus inicios y que supuestamente son asumidos en forma voluntaria y espontánea en el momento en que recibimos el título que nos consagra como responsables de la salud y la vida de nuestros semejantes.

“… ejercer mi profesión dignamente y a conciencia, velar solícitamente y ante todo por la salud de mi paciente, hacer caso omiso de las diferencias de credos políticos y religiosos, de nacionalidad, de razas, de rangos sociales evitando que se interpongan entre mis servicios profesionales y mi paciente…”, parecen haberse convertido en simples frases de cajón que no tienen una repercusión verdadera en la realidad médica en la actualidad, cuando se trata de la atención de los más viejos.

¿Dónde quedan la primacía del bienestar del paciente sobre cualquier otro interés del médico o de las instituciones del sistema de salud y la obligación del médico de garantizar la aplicación de los criterios de justicia social, incluyendo la distribución equitativa de los recursos y la eliminación de cualquier forma de discriminación en el cuidado de la salud, como principios fundamentales del profesionalismo médico?

¿Cómo se entienden las responsabilidades profesionales contempladas en las declaraciones sobre profesionalismo médico en términos del compromiso con la competencia profesional, la honestidad con el paciente, el mantenimiento de una relación adecuada con el paciente, el mejoramiento continuo de la calidad de la atención, la garantía de un acceso equitativo a los servicios sanitarios, la distribución adecuada de los recursos disponibles en el sistema, la integridad y el uso apropiado del conocimiento científico?

Basta una simple mirada de la consulta de atención primaria a uno de nuestros ancianos en cualquiera de las instituciones prestadoras de servicios de salud para concluir con pesar que los principios y valores que pretendemos inculcar en nuestros estudiantes a lo largo de la formación médica se ven desvirtuados sin consideración por lineamientos administrativos que buscan garantizar eficiencia y productividad antes que salud y bienestar.

Un llamado de atención para que recuperemos el liderazgo frente a nuestra responsabilidad como guardianes de la salud y la vida de nuestros congéneres, una profesión con tantos valores y pergaminos no puede verse relegada a una ocupación de manufactura en la que predominen estándares administrativos frente a calidad humana y científica y para que revisemos nuestra actitud y nuestros principios éticos y humanísticos frente al desarrollo de los compromisos que tenemos con la sociedad, independiente de la edad o la naturaleza de quienes requieran de nuestra atención.

lunes, 6 de abril de 2009

Los ácidos grasos hiperoxigenados en las úlceras de los adultos mayores


En la última década han aparecido en el mercado los ácidos grasos hiperoxigenados como una herramienta de gran utilidad para la prevención de las úlceras por presión, sin embargo, se dispone de pocos estudios que avalen los beneficios derivados de su utilización y el perfil de seguridad de dichos agentes.

Martínez Cuervo y Pareras Galofré llevaron a cabo un estudio de revisión bibliográfica de los artículos publicados acerca de la eficacia y tolerabilidad de los ácidos grasos hiperoxigenados en el manejo de este tipo de lesiones, encontrando que son muy importantes en el mantenimiento de la integridad de la piel, evitando la formación de úlceras por presión o retrasando su instauración.

De hecho, de acuerdo con la literatura, los ácidos grasos hiperoxigenados se han venido utilizando con resultados satisfactorios en el cuidado de la piel de personas con alteraciones vasculares de miembros inferiores, en el pie diabético y en el cuidado de la piel alrededor de las lesiones derivadas de las condiciones anteriores.

En resumen, según los autores, los ácidos grasos hiperoxigenados son una opción terapéutica óptima que debería formar parte de los protocolos clínicos en la prevención de las úlceras crónicas y en el cuidado de la piel perilesional.

Valoración del Aislamiento Social


Un estudio publicado en la última edición de la Revista de la Sociedad Española de Enfermería Gerontológica y Geriátrica, analizó la validez de los instrumentos utilizados con mayor frecuencia para evaluar la condición de aislamiento social, encontrando que las escalas de valoración de la dimensión social son adecuadas para detectar en forma temprana la ausencia de redes de apoyo familiar y comunitario y el aislamiento, algunas de las causas más importantes de patologías psicoafectivas y sociales en los viejos.

El estudio analizó la sensibilidad y especificidad de once instrumentos multidisciplinares de valoración social en pacientes ancianos, obteniendo la conclusión que dichas escalas han de ser utilizadas en la valoración rutinaria de los adultos mayores en riesgo de exclusión social a nivel ambulatorio o de instituciones de larga estancia, con el fin de generar intervenciones oportunas que minimicen los efectos biológicos, psicológicos y sociales de tales eventualidades en la salud de éstos individuos.