viernes, 30 de enero de 2009

Piel y envejecimiento


El envejecimiento cutáneo puede ser definido como la disminución de la capacidad de la piel para adaptarse a las condiciones del medio ambiente. El proceso resulta de la influencia de diversos factores de naturaleza endógena (programación genética) y exógena (exposición a rayos ultravioleta, consumo de tabaco, estrés mecánico, entre otros).

Los cambios anatómicos y las manifestaciones clínicas relacionadas con el envejecimiento fisiológico (cronológico) pueden ser observados en todos los niveles y estructuras de la piel: debilitamiento y aparición de arrugas (adelgazamiento de la capa de keratinocitos y baja adhesividad tisular), perdida de flexibilidad y maleabilidad (ligaduras cruzadas en tejido colágeno y degeneración de fibras elásticas, en la dermis), y, pérdida de tensión cutánea con aparición de depósitos grasos localizados (atrofia de tejido adiposo en la hipodermis).

La piel envejecida presenta múltiples anomalías funcionales asociadas con los cambios descritos: alteración de la permeabilidad cutánea, disminución de la capacidad de respuesta inmunológica e inflamatoria, trastornos en la cicatrización de heridas, disminución de elasticidad, fragilidad vascular, compromiso del metabolismo de la vitamina D y deterioro de la percepción sensorial.El papel de la luz y de los radicales libres

La exposición crónica al sol acelera el proceso normal de envejecimiento y desencadena una serie de fenómenos metabólicos, enzimáticos e inmunológicos que inducen cambios prematuros en la estructura cutánea. A este trastorno se le conoce como foto envejecimiento dérmico, envejecimiento prematuro o daño actínico. El efecto de la radiación solar está determinado por las características individuales de la piel, por el grado de exposición y por factores ambientales (altitud, latitud, grosor de la capa de ozono, nivel de contaminación atmosférica entre otros).

El mecanismo fisiopatológico puede ser explicado alrededor de dos elementos fundamentales: los efectos de la exposición lumínica y la formación de radicales libres (RL). Las emisiones solares, responsables del riesgo de foto exposición, alcanzan la tierra en forma de luz visible, calor y radiación ultravioleta (UV). El espectro UV abarca la longitud de onda entre 100 y 400 nm y se divide en tres bandas UVA, UVB Y UVC. Al atravesar la atmósfera, la capa de ozono, el vapor de agua, el oxígeno y el dióxido de carbono absorben la totalidad de los rayos UVC y el 90% de los UVB. Así, la radiación UV que llega a la superficie del globo está compuesta por UVA y un pequeño porcentaje de UVB.

Los rayos UVA alcanzan la epidermis y el tejido conectivo e inducen inmunosupresión, producción de radicales libres, inflamación crónica y fotosensibilidad, siendo los principales responsables del proceso de envejecimiento prematuro. Los UVB penetran en las capas más profundas y son responsables de la aparición de quemaduras solares y de alteraciones en el DNA, encontrándose una fuerte asociación entre la exposición a esta porción del espectro lumínico y el desarrollo de cáncer de piel.

Otros fenómenos asociados con el efecto de los UVA sobre la piel son: activación de enzimas que degradan la matriz de sostén (hialuronidasas y metaloproteinasas de tipo colagenasas, gelatinasas, estromelisinas, matrisilinas, metaloelastasasde macrófagos), pérdida de agua desde la matriz extracelular dérmica, lipoperoxidación de lipoproteínas de las membranas celulares y generación de cruces en la estructura de las fibras de colágeno y elastina, proceso mediado por la acción de los radicales libres.

Los radicales libres (RL), el segundo elemento asociado con la fisiopatología del foto envejecimiento, son una forma de desecho tóxico del proceso de producción celular de energía. Provienen de la activación fotoquímica del oxígeno y se caracterizan por tener una carga eléctrica negativa como resultado de la presencia de electrones desapareados en su estructura molecular.

Los rayos UVA promueven la formación de radicales libres en las células de la piel, generando alteraciones en el DNA mitocondrial, en la membrana celular y en las proteínas cutáneas constitutivas (eslabonamiento cruzado mediante la oxidación de grupos sulfihidrilos de las mismas). Frente a estas agresiones, el organismo cuenta con diversos mecanismos de protección contra los RL, los denominados antioxidantes, un grupo de sustancias bioquímicas que incluye al ácido úrico, el glutatión, el ácido ascórbico, la vitamina E, y algunas enzimas de tipo catalasa, heme oxigenasa y superóxido dismutasa.

La exposición crónica a los rayos solares puede alcanzar diferentes grados de severidad: daño mínimo (aparición de arrugas leves y adelgazamiento mínimo), daño moderado (arrugas en movimiento, pigmentación incipiente e hiperqueratosis leve) y daño severo (arrugas en reposo, aumento del grado de pigmentación y queratosis, aparición de cicatrices y predisposición a la aprición de neoplasias). La queratosis actínica, una formación escamosa que se presenta sobre la superficie de la piel constituye uno de los tipos más frecuentes y peligrosos, dada su asociación con el desarrollo de cáncer de piel. Se estima que un 10% de las lesiones activas progresan a carcinoma escamocelular.

El daño ocasionado por los rayos solares es acumulativo e incluso las exposiciones breves pueden tener efectos nocivos en el transcurso de la vida. Los sitios afectados con mayor frecuencia son la cara, las orejas, el cuero cabelludo, el dorso de las manos, los antebrazos y los labios. La queilitis actínica, considerada como la forma más agresiva de la enfermedad aparece sobre los labios y evoluciona con frecuencia hacia carcinoma escamocelular.

jueves, 29 de enero de 2009

Hipertensión arterial en el anciano: Prinicipios básicos de tratamiento

El objetivo de la terapia antihipertensiva debe girar en torno a reducir la morbilidad y la mortalidad asociadas con las complicaciones de la enfermedad. El tratamiento integral de la hipertensión arterial debe incluir medidas terapéuticas no farmacológicas y el uso de medicamentos antihipertensivos.

Las medidas no farmacológicas han demostrado ser eficaces en el tratamiento de la hipertensión arterial en el anciano. Geleijnse reportó que el uso de un substituto de la sal corriente, con menor proporción de sodio, resultó en una disminución de 7.6/3.3 mm Hg respecto al grupo control e indujo una disminución del 28% en la excreción urinaria de sodio.

Por otra parte, la suplementación de potasio en la dieta no se relacionó en forma consistente con la reducción de las cifras de presión arterial en pacientes ancianos, sin embargo, una ingesta elevada de potasio en la dieta parece estar relacionada con una disminución de la mortalidad por trastornos vasculares agudos del sistema nervioso central, en forma independiente de otros factores de riesgo.

Otras modificaciones del estilo de vida que han demostrado tener una relación directa con la reducción de las cifras de presión arterial son la reducción de peso corporal, la práctica regular de ejercicio físico, la moderación en el consumo de alcohol y la adopción de una dieta rica en frutas y vegetales con una baja proporción de grasas saturadas y totales.

Entre los medicamentos utilizados en la práctica clínica para el tratamiento de la hipertensión arterial en ancianos se encuentran diuréticos tiazídicos, de asa y ahorradores de potasio; bloqueadores de los receptores de aldosterona, bloqueadores de los receptores beta, inhibidores de la ECA, bloqueadores de los canales de calcio, bloqueadores de los receptores alfa 1, agonistas centrales alfa 2 y otros agentes de acción central.

La selección del fármaco depende de la existencia o no de evidencia concluyente acerca de la eficacia de un fármaco. En términos generales, el tratamiento del paciente anciano con hipertensión arterial debe iniciar con la modificación del estilo de vida, en los casos en que no se alcanzan las metas propuestas debe iniciarse terapia farmacológica.

En los pacientes sin complicaciones asociadas se recomienda el uso de tiazidas, IECAS, ARA II y beta bloqueadores, mientras que en los hipertensos con compromiso de órganos blanco se encuentra indicada la implementación de un esquema terapéutico individualizado.

Los pacientes mayores de 85 años suelen responder en forma adecuada a modificaciones consistentes en el estilo de vida (actividad física de acuerdo con la edad, control de factores de riesgo asociados, control de peso corporal, dieta adecuada). Los casos que requieren intervención farmacológica responden en forma adecuada al uso de tiazidas, IECAs y en ocasiones a la introducción de un medicamento placebo.

martes, 27 de enero de 2009

La valoración neuropsicológica en el anciano


El envejecimiento poblacional trae como consecuencia un aumento en la prevalencia de las enfermedades neurodegenerativas, entidades clínicas que comprometen seriamente la salud y la calidad de vida de pacientes y familiares.

La valoración neuropsicológica es una de las mejores herramientas para el diagnóstico temprano de las alteraciones cognitivas características de este tipo de trastornos, siendo considerada en la actualidad como un paso imprescindible en el diagnóstico de los pacientes afectados por demencias y otros trastornos conexos. Las áreas que deben ser evaluadas en pacientes con deterioro cognitivo incluyen orientación en persona, tiempo y espacio, memoria, razonamiento lógico y abstracto, funciones ejecutivas, lenguaje oral y escrito, funciones visuoespaciales, praxias (especialmente praxia constructiva) y gnosis.

En términos generales, la valoración del estado cognitivo del paciente con trastornos neurodegenerativos incluye una fase de tamizaje que permite detectar en forma precoz las áreas que pueden estar más afectadas y una segunda fase que incluye la valoración neuropsicológica completa de las funciones cognitivas.

En la primera fase se utilizan pruebas generales como el Minimental State Examination o su versión en español, el mini examen cognitivo, las cuales son útiles como orientación inicial pero no tienen validez diagnóstica para trastornos cognitivos, estando dirigida la valoración a la detección de la existencia o no de deterioro cognitivo pero no a la valoración específica de las funciones mentales.

Por su parte, la segunda fase, también denominada valoración neuropsicológica, incluye una batería compuesta por pruebas específicas que permiten evaluar con precisión las funciones cognitivas, permitiendo establecer el perfil de deterioro característico y establecer un plan de intervención individualizado.

domingo, 25 de enero de 2009

Enfermería Geriátrica: De la teoría a la práctica


Un estudio, publicado recientemente en la Revista de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica, evidenció que existen diferencias significativas entre los modelos teóricos que sustentan la formación profesional en enfermería y el desarrollo cotidiano de las actividades del área.

De acuerdo con los autores, existe variabilidad de posicionamiento teórico y confusión en los aspectos metodológicos de la práctica, hecho que determina la necesidad de un modelo unificado de atención que garantice la prestación idónea de los servicios de enfermería en el colectivo de los adultos mayores.

HTA en el anciano: Diagnóstico


El diagnóstico de hipertensión arterial en el anciano es clínico. La evaluación del paciente ha de estar orientada a identificar las posibles causas de elevación de la presión arterial, verificar la existencia de otros factores de riesgo cardiovascular, valorar el compromiso de órganos blanco y orientar el tratamiento.

Entre las condiciones que pueden ser identificadas durante la anamnesis se encuentran antecedente de tabaquismo, sobrepeso, inactividad física, dislipidemia, diabetes mellitus, historia familiar de enfermedad cardiovascular temprana, angina y/o infarto al miocardio, insuficiencia cardiaca, revascularización coronaria, accidente cerebrovascular, enfermedad arterial periférica, trastornos renales y retinopatía.

La exploración física debe incluir medición adecuada de la presión arterial; examen de fondo de ojo; cálculo del índice de masa corporal; valoración de la glándula tiroidea y auscultación carotídea; exploración cardiaca, pulmonar y abdominal completa, incluyendo la búsqueda de soplos y extratonos; detección de masas y pulsaciones aórticas anormales; palpación de pulsos periféricos; detección de edema de miembros inferiores y valoración neurológica.

Según las recomendaciones del VII JNC, la medición de la presión arterial debe llevarse a cabo teniendo en cuenta las siguientes recomendaciones: (1) Utilizar el método auscultatorio; (2) verificar que el tensiómetro se encuentre calibrado y que el brazalete sobrepase al menos el 80% de la circunferencia del brazo; (3) llevar a cabo la toma con el paciente sentado y relajado en una silla, con los pies en el suelo y el brazo a la altura del corazón; (4) practicar al menos dos tomas diferentes, en las cuales, la presión sistólica corresponde al punto en que se oye el primero o dos o más sonidos (fase 1) y la presión diastólica, el punto tras el cual desaparece por completo el sonido (fase 5).

Otro factor que ha de ser tenido en cuenta durante la valoración del anciano con hipertensión es la reducción fisiológica de la presión arterial que se presenta después de la ingesta de alimentos en este grupo de edad, la cual es más pronunciada durante la primera hora y especialmente frecuente en presencia de la enfermedad. La reducción postprandial puede alcanzar los 10 mm Hg, estando asociada en una proporción variable de pacientes con insuficiencia vascular cerebral, inestabilidad y caídas.

El monitoreo ambulatorio de la presión arterial es de gran ayuda para conocer el comportamiento de la presión arterial durante las actividades cotidianas y durante el sueño. Así mismo, esta forma de medición se encuentra indicada en la valoración de los pacientes con hipertensión de bata blanca, resistencia aparente a la acción de los antihipertensivos, hipertensión ocasional y sospecha de disfunción autonómica.

La automedición puede ser útil para mejorar el compromiso personal y la adherencia al tratamiento, los dispositivos utilizados en el domicilio deben ser calibrados en forma regular para garantizar la validez de las tomas. Cifras de presión arterial media, obtenidas por automedición, superiores a 135 mm Hg en la presión sistólica y a 85 mm Hg en la diastólica, son consideradas como evidencia clínica de hipertensión arterial.

Las pruebas recomendadas por el VII JNC antes del inicio del tratamiento incluyen hemograma, parcial de orina, glucosa sanguínea, perfil lipídico (colesterol, triglicéridos y lipoproteínas de alta densidad), potasio, calcio, nitrógeno uréico, creatinina, y un electrocardiograma basal. La excreción de albúmina urinaria y la razón albúmina creatinina son consideradas como opcionales, especialmente en los casos de hipertensión arterial con hipertrofia ventricular izquierda y disminución de la fracción de eyección.

viernes, 23 de enero de 2009

Tamizaje para cáncer en el anciano


Uno de los principales objetivos de la atención primaria está centrado en la prevención y/o detección temprana de las enfermedades mediante el uso de diferentes técnicas de tamizaje.

No obstante lo anterior, la práctica inadecuada de actividades de tamizaje puede conducir a un aumento de la morbilidad y la mortalidad como consecuencia de la invasividad de algunos de los procedimientos utilizados para tal fin o de los efectos adversos que puedan derivarse de la práctica habitual de los mismos.

En tal sentido, la Asociación Americana de Medicina Familiar recomienda tener en cuenta que la decisión de suspender la realización de pruebas de screening debe tener en cuenta la edad del paciente, el estado de salud, la expectativa de vida, la historia natural de la enfermedad y al análisis de riesgo beneficio de las intervenciones utilizadas para tal fin.

Así, según la Asociación, la prueba de Papanicolaou para la detección precoz del cáncer de cuello uterino puede ser abandonada después de los 65 años de edad en mujeres con pruebas recientes negativas para neoplasia, en la misma línea, el screening para cáncer de seno puede ser suspendido después de los 75 a 80 años de edad, el de cáncer de colon después de los 75 años en el hombre y de los 80 en la mujer y el de cáncer de próstata después de los 75 años, siempre teniendo en cuenta las preferencias del paciente y los datos obtenidos a partir de la evidencia científica.

Referencia

Albert R, Clark M. Cancer Screening in the older patient. Am Fam Phys. 2008; 78 (12): 1369 – 74, 1376.

sábado, 17 de enero de 2009

Fragilidad en el anciano

El último número de la revista Española de Geriatría y Gerontología incluye un interesante artículo de los doctores María Luisa Martínez, Juan Ignacio González y Ángel Otero en el que se plantea una valiosa reflexión en relación con el concepto de fragilidad en el anciano.

De acuerdo con los autores, el término es objeto de interés y debate en el campo de los cuidados geriátricos, sin embargo, no existe una definición consensuada que permita congregar a los diferentes profesionales en relación con el tema. Los resultados del estudio llevado a cabo por los autores y obtenidos a partir de entrevistas a profesionales responsables de la atención de ancianos en las áreas 2 y 5 de la comunidad de Madrid, indican que existen distintos enfoques para definir al anciano frágil, los cuales se pueden agrupar, al menos, en 5 tendencias diferentes: disminución de la reserva fisiológica, pérdida de autonomía funcional, deterioro cognitivo, presencia de enfermedades crónicas y otra minoritaria que no contempla el concepto.

Del mismo modo, el artículo destaca la consideración de la fragilidad como un estado multifactorial en el que se otorga distinto peso a los factores biológicos, psicológicos y sociales según el tipo de profesional consultado. La diversidad conceptual del término fragilidad no facilita la comparación entre los diferentes estudios, por lo que es necesario alcanzar una definición operativa de fragilidad que sea aceptada por los distintos profesionales ligados a los cuidados geriátricos y gerontológicos.

sábado, 10 de enero de 2009

Planeación estratégica de servicios gerontológicos (Parte II)


La determinación de la misión es uno de los aspectos críticos del proceso. En algunos casos, la misión se halla definida con claridad desde el comienzo del trabajo de formulación del plan estratégico, sin embargo, en otros, el equipo responsable del proyecto debe asumir la responsabilidad de su construcción e implementación.

En este último caso, es necesario recordar que la misión es mucho más que la definición de lo que hace la organización, es una herramienta de orientación estratégica que debe ser utilizada como referente para la toma y evaluación de decisiones que comprometan recursos y/o afecten las acciones emprendidas por el equipo directivo o por las instancias ejecutivas a favor del cumplimiento de objetivos o metas específicas.

Algunos referentes que pueden ser tenidos en cuenta para la formulación de la misión en un proceso de planeación estratégica de servicios gerontológicos incluyen el concepto que tiene la institución o el equipo de trabajo acerca de sí misma, la visión del entorno, la imagen frente a la comunidad general y empresarial, las relaciones con los usuarios, empleados, comunidad gremial y sociedad en general y la articulación existente con las necesidades y expectativas en el área de trabajo.

A modo de ejemplo, la misión de una institución prestadora de servicios gerontológicos fue definida por el equipo de trabajo como “La atención integral del adulto mayor en un marco de eficiencia, calidad, oportunidad, justicia social y desarrollo sostenible”.

Por otra parte, si se tiene en cuenta que todo elemento pertenece a un sistema y que este es a la vez un subsistema de otro mayor, el concepto de misión puede ser aplicado en varios niveles de la estructura organizacional, en otras palabras, la misión planteada como marco general de las actividades de la institución o equipo de trabajo, puede ser al mismo tiempo un objetivo estratégico de un programa específico o como un objetivo operativo de una actividad determinada en un contexto particular.

La identificación de los principios y valores que enmarcan las acciones de la organización o equipo de trabajo responsable del proyecto gerontológico y articulan la materialización del mismo, tiene gran valor para la elección del modelo de trabajo y para la definición de los procesos administrativos y operativos requeridos para la concreción de los elementos contenidos en la misión.

En el ejemplo referido anteriormente, los elementos utilizados como referentes para la implementación del proceso de planeación estratégica incluyeron universalidad, integralidad, integridad, equidad, idoneidad, responsabilidad social, coherencia, pertinencia, eficacia, eficiencia, calidad humana, respeto por la diferencia, tolerancia, oportunidad, justicia social, solidaridad y desarrollo sostenible.

El diagnóstico situacional ha de estar orientado a la identificación, descripción y análisis de la situación actual frente al ideal plasmado en la misión, desde diferentes perspectivas (objetivos, recursos, procesos, sistemas y funciones en los ámbitos humano, físico, administrativo y logístico) y considerando en todo momento el impacto de cada una de las variables mencionadas en el desarrollo de las actividades propuestas.

Entre los métodos utilizados con mayor frecuencia para la estructuración del diagnóstico situacional se incluyen la caracterización IGO (importancia y gobernabilidad de variables) y la matriz de Vester (análisis estructural de variables y procesos). El primero busca determinar el peso relativo que tiene cada variable sobre el logro de los objetivos definidos en la misión y establecer el grado de manejo que se tiene sobre cada una de ellas mientras que el segundo está orientado a comprender la interacción existente entre las variables definidas.

Con los resultados de la doble caracterización llevada a cabo mediante la aplicación del método IGO se obtienen cuatro tipos de variables: las de alta importancia y gobernabilidad (variables estratégicas a corto plazo), las de alta importancia y baja gobernabilidad (resultados condicionados y a largo plazo), las de baja importancia y alta gobernabilidad (intervención inmediata y resultados visibles en forma inmediata) y las de baja importancia y baja gobernabilidad (pueden ser intervenidas en una fase posterior dada el bajo impacto).

Por otra parte, la matriz relacional de análisis estructural es un instrumento de apoyo al proceso de planeación estratégica que permite evidenciar las interacciones de dependencia (nivel de afectación de una variable por las demás) y motricidad (grado en que una variable afecta a otras variables) existente entre las variables identificadas, siendo utilizada como un complemento de la anterior en la toma de decisiones relacionadas con el diseño y la puesta en operación de los servicios proyectados.

El análisis DOFA es una herramienta utilizada para establecer la situación actual y las alternativas de acción de una organización, equipo de trabajo o proyecto mediante el análisis detallado de su propia estructura y función (debilidades y fortalezas) y de las características del entorno (amenazas y oportunidades).

El análisis interno permite definir los factores sobre los que se puede establecer una intervención directa con fines de mejoramiento mientras que el análisis externo busca identificar los elementos contextuales que influyen sobre la posibilidad de alcanzar los objetivos planteados al inicio del proyecto, de tal forma que sea posible introducir acciones específicas que refuercen o minimicen su impacto de acuerdo con el efecto primario de cada uno de éstos sobre la estructura del mismo.


El cruce de los factores internos con los externos permite definir cuatro tipos de alternativas de acción: estrategias FO (de crecimiento), resultantes de aprovechar las ventajas competitivas y las oportunidades del entorno; estrategias DO (de supervivencia), orientadas a superar las debilidades aprovechando las oportunidades del contexto; estrategias FA (de supervivencia), tendientes a evadir las amenazas externas aprovechando las propias fortalezas; y estrategias DA (de renuncia al logro), enfocadas a replantear los objetivos para evitar un fracaso inminente en un ambiente completamente desfavorable al proyecto.

El plan estratégico, concebido como un mapa que orienta las acciones de la organización, el equipo de trabajo y/o el proyecto, debe responder a las políticas y lineamientos definidos en la fase inicial y estar ajustado a los principios de pertinencia, oportunidad y viabilidad, de acuerdo con la estructura y los recursos disponibles para la operativización del mismo en el contexto interno y externo de la organización o equipo de trabajo.

La carta de navegación, configurada a partir de la misión, el análisis situacional y la definición de alternativas de acción, es la base para la formulación del plan estratégico. Los objetivos permanentes (definidos en la misión), deben estar plasmados en objetivos estratégicos (logros a alcanzar en el corto, el mediano y el largo plazo) y reflejados en objetivos operativos (acciones específicas) de los proyectos que sustentan el programa.

La evaluación de resultados desempeña un papel fundamental en la consolidación del plan estratégico por la doble función que cumple en el proceso de implementación del mismo: como indicador de gestión del proyecto y como parámetro de referencia para el mantenimiento o modificación del curso de acción definido inicialmente. En esta etapa de la planeación estratégica se debe incluir la definición de indicadores de verificación del cumplimiento de los objetivos establecidos y la determinación de las medidas que han de ser implementadas en caso de que se presenten variaciones de la ruta elegida para la ejecución del proyecto.

Los Servicios de Atención Domiciliaria

Con el crecimiento acelerado de la población geriátrica y el incremento consecuente de las enfermedades crónicas en el panorama epidemiológico de nuestro país, se hace necesario considerar la necesidad de implantar programas de atención domiciliaria que permitan garantizar la prestación adecuada de los servicios de salud requeridos por los pacientes incluidos en este grupo poblacional, mejorar la condición funcional y la calidad de vida y reducir los costos de la atención institucional de los mismos.

Los servicios de atención asistida en el domicilio datan de épocas remotas, sin embargo, las primeras referencias de la implantación de programas organizados con el fin de suplir las necesidades de la población geriátrica pueden ubicarse en los años treinta, legando a concretarse programas organizados de asistencia domiciliaria unos veinte a treinta años más tarde en los países desarrollados. En la actualidad, la cobertura de los programas de asistencia domiciliaria llega al veinticinco por ciento de los mayores de 65 años en algunos países nórdicos, siendo en todo caso insuficiente frente al aumento de las necesidades objeto de dichos servicios provocado por los cambios demográficos (Walker, 1992).

Los servicios de atención domiciliaria pueden ser concebidos como "programas individualizados, de carácter preventivo y rehabilitador, en los que se articulan un conjunto de servicios y técnicas de intervención profesional, consistentes en atención personal, doméstica, de apoyo psicosocial y familiar, prestados en el domicilio de una persona mayor, dependiente en algún grado, con el objetivo de favorecer el incremento de la autonomía personal" y mejorar la calidad de vida del individuo.

De acuerdo con lo anterior, existen al menos dos tipos de servicios de atención domiciliaria, los de índole sanitaria, ofrecidos por las instituciones de salud como un programa de atención primaria tendiente a mantener el estado de salud y reducir la aparición de complicaciones asociadas con las patologías crónicas y los de índole social, prestados por servicios sociales de base, familiares o miembros de la comunidad, cuyo objetivo está centrado en el mantenimiento de la funcionalidad y el equilibrio psicosocial.

viernes, 9 de enero de 2009

Los ancianos en la UCI

Un estudio llevado a cabo mediante la revisión de más de 107.000 historias clínicas de pacientes adultos admitidos a la Unidad de Cuidados Intensivos en 150 hospitales italianos, con el objetivo de establecer los criterios de admisión a este nivel de complejidad, los elementos de juicio tenidos en cuenta para la toma de decisiones y el desenlace final de este tipo de pacientes, evidenció los siguientes hechos:

1. Los criterios de internación suelen ser más claros desde el punto de vista clínico que desde la perspectiva bioética.
2. La toma de decisiones bioéticas involucra una serie de elementos de muy diverso orden que tienen una mayor complejidad en los ancianos, no obstante, la revisión de la literatura es controversial respecto a la relación existente entre la definición de algunas condutas médicas y la edad del paciente.
3. La edad es un factor de riesgo independiente de mortalidad en el corto plazo.
4. La severidad de la causa que desencadenó la internación en la UCI es un factor de riesgo de mortalidad a largo plazo.
5. La utilización de ventilación mecánica en pacientes de mayor edad (75 años o más) es un factor de riesgo de mortalidad adicional.
6. En términos generales y a pesar de las consideraciones mencionadas anteriormente, la edad del paciente no suele ser un factor determinante para la definición de los criterios de admisión, manejo y/o egreso de la UCI.

Old patients in intensive care unit (ICU): What decisions to make? Antonio Galzerano, Elena Sabatini, Davide Durı, Carlotta Rossi, Luciano Silvestri, Davide Mazzon, Antonino Gullo. Archives og Gerontolgy and Geriatrics. (2008), doi:10.1016/j.archger.2008.11.001

jueves, 8 de enero de 2009

Los más viejos del mundo



El Grupo de Investigación Gerontológica (GRC) con sede en Estados Unidos, publica en su portal de internet http://www.org.grg/ una lista periódica de "supercentenarios", como se denomina a las personas de 110 años o más, que se encuentra validada por certificados oficiales de nacimiento.

La lista se compone de 91 individuos, de los cuales 82 pertenecen al sexo femenino y solamente 9 al masculino. En la actualidad, después de la muerte de María de Jesús, ocurrida el día de hoy a los 115 años y 114 días en Portugal, la mujer que ostenta el record de longevidad es Gertrude Baines, residente de California, con una edad de 114 años.

Además de Baines, otros 32 supercentenarios son norteamericanos, 26 japoneses, 9 italianos, 3 españoles y uno portugués. Ningún latinoamericano se encuentra incluido en el listado publicado por el GRC.

Feliz 2009


Bienvenidos (as) al 2009, un año lleno de expectativas y oportunidades profesionales. Después del receso de vacaciones, retomo nuevamente la publicación de temas relacionados con el área gerontológica y los invito a enviar sus comentarios, opiniones y contribuciones al correo electrónico juancarlosmoralesruiz@gmail.com

Mil felicidades en el nuevo año